Dice Rosa Montero en la primera página de su libro: “Siempre he sabido que algo no funcionaba bien dentro de mi cabeza” y es que todos tenemos un punto de locura, de rareza, porque “la normalidad no existe”. Creo que con estas palabras nos hemos sentido identificados todos alguna vez.
Según la autora el escritor podría dejar de escribir si estuviera realmente cuerdo, que hay un punto de locura en todo trabajo creativo.
Rosa Montero habla en este libro de escritores y del proceso creativo pero todos nos podemos sentir reflejados en las reflexiones que hace.
El libro se puede catalogar como un ensayo en el que narra las locuras de muchos autores pero es muy ameno e interesante.
Hay afirmaciones que son válidas tanto desde el lado del escritor como del lector:
“Mi fantasía es que vivo dos vidas: esta que estoy viviendo, la caliente, y otra que me voy imaginando…La vida que escribo”
“La ficción es un viaje al otro, y ese es el trayecto más fascinante que una puede hacer”
“La existencia es un caos y uno de los servicios que prestamos los novelistas es dar una apariencia de causalidad y de sentido a una realidad que es solo furia y ruido”
“Yo me dedico a escribir—dijo Patricia Highsmith— debido al aburrimiento que me produce la realidad y la monotonía de la rutina y los objetos que me rodean.» Y Bukowski: «Cuando se deja de escribir, ¿qué nos queda? La rutina. Movimientos mecánicos. Pensamientos huecos. No soporto la monotonía». (Se puede cambiar me dedico a escribir por me dedico a leer)
“Por eso los escritores somos unos seres tan menesterosos de la mirada ajena; por eso parecemos vanidosos, buscando siempre el aprecio y el halago; por eso somos tan terriblemente frágiles ante las críticas m. Porque nos jugamos la aceptación en el mundo, la posibilidad de ser normales, la supervivencia y la cordura. Era lo que decía John Nash cuando hablaba de Zaratustra. Si cuentas con seguidores, si hay gente que piensa como tú, todo funciona”
Eso era lo que le sucedía a don Quijote, que es, entre otras cosas, una alegoría de la creación artística. Don Quijote no soporta la grisura y el vacío de la existencia, y por eso se la inventa…Arde de trascendencia, de amor a lo sublime, a lo absoluto; y también ama a la imaginaria Dulcinea, cómo no: ya hemos dicho que la pasión conforma, junto con la creatividad y la locura, una trinidad fantasmagórica. Por eso, cuando a don Quijote se le apaga la luz que encandilaba sus ojos y le impedía percibir lo descolorido de la realidad, no quiere, o no puede, seguir viviendo. O exaltación o muerte: he aquí un dilema ante el cual algunos sucumben”

