domingo, 7 de enero de 2018

VOCES EN RUIDERA ( Francisco García Pavón)


Puedo decir que una de las razones por la que disfrute más en esta novela que en otras del autor sobre Plinio es porque está ambientada en Ruidera, población que estuvo anexionada a mi pueblo, Argamasilla de Alba, y cuyos paisajes y escenarios conozco bien  y tienen unas connotaciones cervantinas difíciles de abstraerse de ellas.

En esta nueva aventura de la saga Plinio, el Guardia Municipal de Tomelloso, Manuel González tiene que desplazarse de incógnito a las lagunas de Ruidera para colaborar en un misterioso caso de ámbito nacional, relacionado con un secuestro. Acompañado por su mujer Gregoria, su hija Alfonsa y su inseparable don Lotario, el detective tomellosero se toma unas vacaciones y emprende el viaje sin contar a nadie sus verdaderos motivos, con la coartada de investigar unos horribles gritos que se escuchan a medianoche junto a las lagunas.

El humor es evidente en la novela, aunque hoy muchas cosas se considerarían políticamente incorrectas o faltas de respeto. Estamos hablando de una novela publicada en 1973.


Citas que evocan un viaje y un lugar o viceversa

"Y pegada a la Laguna del Rey, la mayor de todas: la Colgada. Casi dos kilómetros y medio de longitud y medio de anchura. Ambas se comunican por un estrecho muro de caliza, de suerte que parecen una, y logran la plenitud de esta cadena de aguas de la Mancha".


Oye, Manuel ¿y tú crees que esta noche se oirán en la Colgada esas voces tan misteriosas que te dijo el alcalde?
Plinio le hizo un gesto disimulado para que no hablase del tema, pero don Lotario, con la fijeza puesta en la carretera, no lo advirtió.
—¿De qué voces habla usted, don Lotario? —preguntó la hija de Plinio incorporándose hacia el respaldo del veterinario.
—Que por lo visto, de unas noches a esta parte, está la gente del hotel muy asustada, porque grita una voz misteriosa.
—Vaya, vaya, Manuel —saltó la Gregoria— ya me extrañaba a mí tu repentina fineza de traernos a Ruidera"


    


"Pasadas las lagunas Batanas y la Salvadora, llegaron ante la que llaman de la Lengua. No se veía nadie por la carretera ni junto a las aguas."

Laguna Batana





Laguna Salvadora


Laguna Lengua


"Las mujeres no mostraron demasiado interés por ir a la Cueva de Montesinos, pero como nunca la habían visto y Manuel estaba tan animado, dijeron que ¡hala! (...) Entraron hasta la concavidad donde, según Cervantes, «cabía un gran carro con sus mulas». Hoy hasta allí se cuelan lucecillas por algunos agujeros que horadaron sin duda las filtraciones. Se sentaron a la fresca, pero no se determinaron a descender por la pendiente resbaladiza. En el silencio se oía el riachuelo subterráneo que vierte en la San Pedra."










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