
Curiosamente he leído uno tras otro dos libros del mismo género, el realismo mágico, que fusiona la realidad cotidiana con elementos fantásticos. El otro libro ha sido La península de las casas vacías, de David Uclés, en el que casualmente o por avatares del destino, se nombra a Elena Garro, autora de este libro :
-" ¿Y esa que hace anotando todo lo que digo?
-Elena Garro: ¡ Lo siento! Soy su mujer y desde que llegamos al congreso anoto todo, como e un cuaderno de bitácora.
- Nicolás Guillén: Se llama Elena.
- Elena Garro: Así es. Y soy también escritora, aunque la fama de mi marido me hará sombra. Ya saben...siendo mujer....." ( La península de las casas vacías. pág 490)
La narración es muy poética y la unión de la realidad con la ficción es bonita en gran parte de la novela pero a mí me ha costado conectar en parte porque desconocía esta parte de la historia mexicana.
En este libro el narrador es Ixtepec, un pueblo mexicano que nos cuenta lo que ha sucedido en su tierra a través de unos personajes irreales pero que encarnan un prototipo.
En este libro el narrador es Ixtepec, un pueblo mexicano que nos cuenta lo que ha sucedido en su tierra a través de unos personajes irreales pero que encarnan un prototipo.
Por ejemplo, el general Francisco Rosas es el ejemplo del hombre que, en la imposibilidad del amor conduce a un pueblo a su destrucción. Por complacer a Julia, su pasión, y luego por venganza, sus acciones provocan muchos asesinatos en Ixtepec. ("Se paseaba por mis calles golpeándose las botas federicas con un fuete, no daba a nadie el saludo y nos miraba sin afecto como lo hacen los fuereños. Era alto y violento. Su mirada amarilla acusaba a los tigres que lo habitaban. […] Su presencia no nos era grata". pág. 19)
El personaje de Julia aparece al principio como una mujer voluptuosa e inactiva, que consiente y se mantiene indiferente a todo, pero al final, con la llegada de Felipe Hurtado brota en ella la semilla de la subversión y se transforma en una mujer activa y decidida que, repleta de arrojo, decisión y voluntad propia, se aparta de una vez por todas de la violación tanto física como psicológica del general. Aunque esto genera el enfado del general y contribuye a que la situación de Ixtepec empeore.
Citas relevantes:
"las palabras eran peligrosas porque existían por sí mismas, y la defensa de los diccionarios evitaba catástrofes inimaginables. Las palabras debían permanecer secretas. Si los hombres conocían su existencia, llevados por su maldad, las dirían y harían saltar al mundo. Ya eran demasiadas las que conocían los ignorantes y se valían de ellas para provocar sufrimientos. Su misión secreta era pasearse por mis calles y levantar las palabras malignas pronunciadas en el día. Una por una, las cogía con disimulo y las guardaba debajo de su sombrero de copa. Las había muy perversas; huían y lo obligaban a correr varias calles antes de dejarse atrapar".
"También para mí aquellos días eran amargos. Es curiosa la memoria que reproduce, como ahora, tristezas ya pasadas, días lisonjeros que no veremos más, rostros desaparecidos y guardados en un gesto que acaso ellos no se conocieron nunca, palabras de las cuales no queda ya ni el eco. En su primera noche en Ixtepec, Felipe Hurtado había dicho a sus huéspedes: «Lo que falta aquí es la ilusión”. Sus amigos no lo entendieron, pero sus palabras quedaron escritas en mi memoria, con un humo incandescente que aparecía y desaparecía, según mi estado de ánimo. La vida en aquellos días se empañaba y nadie vivía sino a través del general y su querida".
"Habíamos renunciado a la ilusión.
¿Dónde quedaba mi cielo siempre cambiante en sus colores y sus nubes? ¿Dónde el esplendor del valle amarillo como un topacio? Nadie se preocupaba de mirar al sol que caía envuelto en llamaradas naranjas detrás de los montes azules. Se hablaba del calor como de una maldición y se olvidaba que la belleza del aire incendiado proyectaba los rostros y los árboles humeantes en un espejo purísimo y profundo". ( pág 126)
"Jovencito, ustedes tienen la fuerza pero no tienen la razón. Por eso quieren culparnos de sus crímenes. Quieren tener un motivo para perseguirnos". (pág 201)
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